
Hablar del Comandante en Jefe siempre será una tarea difícil. Así ha de serlo cuando se habla de alguien de su altura. No puede hacerse más que describir la gloria. Y el reto es aún mayor cuando eres un joven periodista y quieres hacerlo bien.
Entonces me dispongo. Enciendo la laptop y escribo. Borro y vuelvo a escribir. Eso nos enseñó Fidel: perfeccionar, corregir, volver a empezar de ser necesario, pero nunca rendirnos.
Para hablar de Fidel hay que llegar al hombre. Hablar del esposo, el padre, el amigo. Han de romperse los muros que construye la historia alrededor de sus héroes y tocar la fibra humana.
Imaginarlo junto a la compañía del Ballet Nacional de Cuba cuando, luego de una gira, les ofrece unos días de descanso en la Ciénaga de Zapata y al visitarlos, los reta diciendo: «Pero nadie se atreve a tirarme (al agua)» y en efecto, un bailarín lo lanzara a la piscina.
Hay que verlo en el central Australia, los días de la invasión yanqui, ordenando que ningún miliciano puede ofender a los mercenarios: «No los insulten. No pueden demeritar la victoria» dicen que dijo. O el día que disciplinadamente cumple «las órdenes» del pintor italiano Franco Azzinari, y pasa la noche y parte de la mañana siguiente conversando y posando mientras el artista le hace un retrato.
También el día que personalmente pide disculpas a la Dra. Concepción Campa y su equipo, por decir que el artefacto presentado por ellos en una exposición de salud parecía una cafetera. Y enmienda la ofensa con una humildad mayor.
O la ocasión en que abraza, como un padre, a Carlos Alberto Cremata (Tin Cremata), luego de colocar juntos una ofrenda floral en el obelisco a los mártires del sabotaje de Barbados (crimen en el que pierde la vida el padre de Tin)
U otras tantas veces, cuando el Comandante da lecciones de una simpatía extraordinaria, al bajar de los pedestales en los que muchos intentan colocarlo, para demostrar una humanidad que, a lo largo de toda su vida, estuvo presente.
Así es válido recordarlo también, jovial, jaranero en ocasiones, atento siempre. Quizá por eso será un reto eterno hablar de Fidel, porque en él se combinan, en alto grado, la grandeza del héroe y la sensibilidad del hombre.
Por: Roberto Peña Álvarez y Martha Dalis Heredia Cooper(Estudiantes de Periodismo)