
Cada vez que uno escucha que alguien se va porque otro le arrebata la vida, nos embarga un sentimiento de impotencia y a la vez de tristeza porque lo cierto es que nuestras calles ya no son tan apacibles como antes.
Los hechos de sangre, riñas, asaltos, rompen la cotidianidad cuando menos lo esperamos y así amanecemos en Guantánamo o cualquier otra provincia del país con esas noticias desgarradoras pensando en el sufrimiento de las familias, en esas vidas perdidas que dejan un vacío en el alma imposible de llenar.
Y entonces, nos preguntamos, qué nos está pasando?, muchos criterios apuntan a las condiciones económicas complejas por las que atraviesa el país, otras al consumo de alcohol y estupefacientes pero lo cierto es que los episodios de violencia crecen y preocupan.
Por otra parte no podemos perder de vista el exceso de confianza que han tenido muchas víctimas, con llamadas telefónicas hasta de personas conocidas, éstas a su vez engañadas también por elementos inescrupulusos, lo cual al final genera una trampa mortal.
En este contexto siempre será válido volver la mirada a la familia como célula fundamental de la sociedad, sobre todo, porque la mayoría de los involucrados en los actos de violencia son jóvenes. Es lastimoso ver muchachos de 16 años implicados en sucesos agresivos que terminan con la muerte.
Es verdad que existen hogares disfuncionales pero hay otros donde se fomenta el respeto, diálogo civilizado, empatía, comprensión y, sin embargo, los jóvenes se pierden en el camino porque los padres desconocen con quiénes se reúnen sus hijos, qué hacen, dónde van, cómo se comportan. Sin duda, las malas compañías van marcando actitudes negativas, muy lejos de ese entorno familiar sano.
No se trata solo de comprarles ropa, zapatos, alimentos, ofrecerles un techo, hay mucha responsabilidad en su correcta formación, pues en medio de la vorágine actual siempre es preciso buscar el tiempo para estar alertas y actuar cuando sea necesario.
Aunque no me detengo en las cifras, sí existe un aumento de la delincuencia, de actos violentos, mientras unos salen a pasar un buen rato junto a sus parejas o amigos, otros están en la calle generando trifulcas callejeras, con el uso ilegal de armas, muchas empleas para segar una vida.
Tampoco afirmo que nuestras calles sean un caos, y por otra parte, es cierto que se aplica la ley ante esas manifestaciones repudiadas por la población, pero lo mejor sería que esos abominables hechos no ocurrieran en nuestro entorno.
Siempre existirá una forma digna de ganarse la vida que no sea despojando de bienes al otro. Es verdad que el salario no alcanza pero eso no justifica el robo, la violencia, la muerte, porque la vida siempre será el mayor bien y hay que respetarlo.