
Hay trabajos que todavía no entran en las enciclopedias. Que no tienen oficina, ni horario fijo. Trabajos que se inventan caminando, con un teléfono en la mano y una idea en la cabeza.
Joana Pichardo tiene uno de esos trabajos del siglo XXI. Se llama youtuber. Y aunque en Guantánamo aún la miren como bicho raro cuando graba en la calle, ella ya cuenta con casi 4 mil suscriptores que dicen «gracias por devolverme mi ciudad» o es el abrazo de quien la reconoce y dice: «mi hijo te ve desde Miami.
«Las Cosas de Yoa» no es solo un canal. Es una microempresa de una sola empleada que hace de todo: produce, edita, presenta, community manager, atención al cliente. Joana no tiene compañeros de trabajo. Tiene una comunidad de guantanameros ausentes que ven sus videos y lloran al reconocer la esquina donde crecieron, el pregonero que ya no está, la bodega que sigue igual.
Su oficina es la calle. Su escritorio, cualquier banco de parque. Su jornada laboral se mide en pasos: camina Guantánamo de punta a punta, calle por calle, sin guion, sin planificación. Solo la espontaneidad de quien sabe que «a las dos cuadras ya somos amigos de la infancia».
El producto que vende no es tangible, es nostalgia, pertenencia, la certeza de que tu ciudad existe mientras alguien la sigue caminando. Joana es de las mujeres que no esperaron a que alguien les diera trabajo. Se lo inventaron. Y en el camino, se realizó como madre —su primer sueño— y como profesional —el segundo.
Su mensaje para las que vienen atrás suena a tecnología del siglo XXI, aunque ella lo diga con la sencillez de quien camina barrios enteros: «Todo está en romper el hielo. Mi primer video me da cringe. No importa el teléfono, la cámara, el micrófono. Solo empieza».
En una provincia donde aún se mira raro a quien habla solo frente a un celular, Joana Pichardo ya tiene casi 4 mil personas que escuchan lo que dice. Y eso, en el siglo XXI, es tener un trabajo. Uno que ella misma se atrevió a crear.
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