El sol apenas acaricia los techos de zinc y ya el bullicio es una fiesta. En La Punta, una Comunidad ubicada en el corazón del Plan Turquino del municipio de El Salvador, la institución educativa Conrado Benítez, la cual agrupa a tres escuelas, despierta no solo con la victoria del inicio del curso escolar sino con la organización y el amor palpable entre alumnos y maestros.
La directora Yadisley Romero Trujillo tiene la mirada firme y el andar apurado de quien conoce cada rincón de estas lomas. Nos recibe en el patio, mientras los niños corren y algunos padres revisan cuadernos en la puerta. Le pregunto cómo ha sido el desafío de arrancar el curso en medio de la montaña.
«El período lectivo 2026-2027 inició con toda la cobertura docente ,no hay aulas vacías, no hay materias sin profesores. La base material de estudio también está garantizada, esto ha sido un esfuerzo grande, pero aquí estamos, firmes, porque sabemos que cada niño de esta montaña es el futuro de nuestro país».
Ladirigente explica que, si algo sostiene esta obra, es el vínculo con la familia. En estas comunidades rurales, la escuela no es un edificio ajeno; es el centro de la vida social. El trabajo con los padres es vital, y se nota: » Los veo llegar, algunos con sus niños de la mano, otros con el uniforme recién planchado. Es una alianza sagrada: la familia y la escuela, unidas por el porvenir.
Caminamos por el patio. La escuela luce un brillo distinto. No es la misma de antes. Ahora cuenta con un inmueble nuevo. Los colores vivos contrastan con el verde profundo de las montañas . Aquí, el concepto de “amor” no es una palabra abstracta; se toca. Está en las paredes recién pintadas, en el aula limpia, en la merienda que se comparte, en la bandera cubana que sigue ondeando y que da la bienvenida a los veintidós educandos.
En medio de los juegos, se acerca un pequeño. Es Samuel Joubel Nápoles, estudiante de sexto grado.
Le pregunto cómo se siente en su escuela.
—Me siento muy contento. Tengo una escuela nueva, pintada… y aquí encuentro mucho amor. Mis maestros son buenos, me enseñan, y mis compañeros son mis amigos. Me gusta venir todos los días.
El viento sopla fuerte en lo alto de la loma. La campana suena y los niños vuelven a las aulas. En las montañas del municipio El Salvador, Guantánamo, la Revolución se escribe con tiza y se colorea con alegría infantil. No hay mejor noticia: en el corazón del Plan Turquino, la escuela sigue siendo el centro de la vida, la esperanza y el futuro.