En las serranías guantanameras, donde la neblina se mezcla con el humo de las improvisadas cocinas, un grupo de artistas aficionados se ha convertido en el alma musical de las tardes campestres.

Se trata del Cuarteto “Somos del Campo”, una agrupación que por más de veinticinco años ha defendido la música tradicional cubana desde la comunidad montañosa de Bayate, en el municipio de El Salvador.

Bajo la dirección de Basilio Castañeda, este cuarteto nacido de la tierra y el amor por el son, el punto cubano y la guajira, ha logrado mantenerse activo durante dos décadas y media sin otro escenario que los bateyes, los patios de campesinos y las fiestas comunitarias.

“No tenemos fama ni grabaciones de estudio, pero tenemos el corazón puesto en cada nota”, comenta Castañeda, quien aún recuerda los inicios del proyecto, cuando apenas eran cuatro vecinos con guitarras, güiro y muchos deseos de compartir alegría.

El repertorio del cuarteto incluye desde boleros y sones hasta décimas improvisadas que narran la vida cotidiana del campesinado guantanamero.

Somos del Campo» es una declaración de principios”, explica Basilio. “Aquí nadie cobra por cantar. Lo hacemos porque la música tradicional cubana se está perdiendo en las ciudades, pero en la montaña aún la vivimos como una necesidad del alma”.

A lo largo de estos veinticinco años, la agrupación ha enfrentado dificultades propias como la falta de instrumentos, ausencia de transporte para trasladar los equipos; sin embargo el relevo generacional comienza asomarse.

Para los habitantes de Bayate, el cuarteto es más que un grupo artístico. Es memoria viva. “Cuando toca ‘Somos del Campo’, el tiempo se detiene» comenta Yailen ,Directora de la Casa de Cultura de la Comunidad.

Con la certeza de quien cumple una misión, el cuarteto seguirá hilvanando versos y melodías en el corazón del Plan Turquino salvadoreño.

 

 

Fotos: Daniel Martínez Balón