
Corría el año 1886 y las condiciones de vida de los obreros en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, eran inhumanas. Las jornadas laborales se extendían de 10, 12 y 18 horas al día en fábricas insalubres y con salarios de miseria.
Cansados de tanta explotación, los trabajadores de esa ciudad organizaron una huelga masiva para el Primero de Mayo de 1886. La demanda principal era clara y justa: la jornada laboral de ocho horas.
Las protestas se extendieron y el punto de inflexión llegó tres días después, el 4 de mayo, en la plaza de Haymarket. La policía respondió con una represión brutal contra los trabajadores. Este episodio, conocido como la Revuelta de Haymarket, dejó un saldo de varios obreros muertos y líderes sindicales detenidos.
En un juicio considerado ilegítimo, ocho de esos líderes fueron condenados y cuatro de ellos, conocidos a partir de entonces como los Mártires de Chicago, fueron ejecutados en la horca.

La indignación por esta masacre sacudió al movimiento obrero mundial. Tres años después de aquellos trágicos sucesos, en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, reunido en París, acordó instituir el primero de mayo como una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago.
Ese eco de justicia llegó hasta nuestro archipiélago cubano, que aún gemía bajo el dominio colonial. Fue así como, en 1890, Cuba se convirtió en uno de los primeros países del mundo en celebrar esta fecha. Miles de trabajadores habaneros tomaron las calles en un acto que sería el germen de una tradición de lucha y de unidad.
Según investigaciones históricas locales, la más oriental de las provincias también formó parte de esa historia. La primera celebración del Primero de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores en Guantánamo se realizó en el año 1924.
Aquel acto se llevó a cabo en el entonces llamado teatro Campoamor, lugar donde actualmente reside la heladería Coppelia.
Esa primera convocatoria reunió a los trabajadores de los más diversos gremios de la época: azucareros, cocheros, panaderos, barberos, torcedores de tabaco tipógrafos, entre muchos otros.
La cita fue un hito de unidad para un movimiento obrero local que ya venía forjándose desde finales del siglo XIX. Para organizar la velada, los trabajadores constituyeron un Comité Pro Primero de Mayo.

La voz principal de aquella jornada fue de Nicomedes Quiala Álvarez, a quien cariñosamente apodaban “Pijindi”. Este dirigente obrero pronunció un emotivo discurso en el que recordó el sacrificio de los Mártires de Chicago, alzó la voz para exigir la jornada de ocho horas para los guantanameros y saludó con esperanza la reciente Revolución Socialista de Octubre en Rusia, que apenas siete años antes, en 1917, había instaurado el primer estado de obreros y campesinos del mundo.
Ese fue el comienzo de una tradición que, con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, se transformó en la gran fiesta del pueblo trabajador que conocemos hoy.
En cada desfile del Primero de Mayo no solo se celebra una victoria, sino que se camina al son de una historia de lucha que comenzó en las calles de Chicago, que encontró eco en el Guantánamo de 1924 y que hoy sigue más viva que nunca en la sangre indómita de nuestro pueblo.