Entre montañas que se abrazan al cielo y el aroma persistente del café, este municipio aguerrido se levanta cada 10 de octubre con una certeza: aquí la cubanía no se declama, se vive.

Con el inicio de la Jornada por el Día de la Cultura Cubana, el municipio de El Salvador se viste de gala para celebrar lo que somos, esa mezcla indomable de historia, arte y resistencia que define a sus más de treinta y nueve mil habitantes.

La jornada de este año tiene dos faros que iluminan el camino: los cincuenta años de la Asamblea Municipal del Poder Popular, baluarte de la democracia socialista y de la participación popular, y el 150 aniversario del Cafetal La Indiana, testigo pétreo de un pasado que fusionó la valentía de los mambises en estas serranías.

No es casual. La Indiana, con sus ruinas arqueológicas, es la huella de los colonos franceses que llegaron a sembrar café y de los esclavizados africanos que regaron con sudor y sangre esta tierra. Esa mezcla, dolorosa y fecunda, es la raíz de nuestra identidad.

En el municipio El Salvador, la identidad tiene nombre y apellido. Aquí nació Lino Álvarez de las Mercedes, cuya obra y pensamiento aún resuenan en cada rincón.

Aquí late el grupo Danza Las Veranes, que con sus coreografías cuenta la historia de un pueblo que danza para no olvidar.

Y aquí suena, con fuerza de tradición, el grupo Changüí Melquiades, que mantiene viva la llama del género madre de la música campesina.

Cada obra, cada paso, cada acorde es un acto de afirmación: somos cubanos, somos montaña, somos café.

El orgullo se palpa en cada institución y en cada piedra. Contamos con cinco Casas de Cultura, faros de creación comunitaria que resisten y crean a pesar de todo.

Más de cien sitios y monumentos custodian la memoria. Las ruinas de los cafetales franceses son lecciones de historia al aire libre, son la prueba de que aquí se levantó un mundo con mano esclava y sueño francés, y que de esa mezcla nació una cultura irrepetible.

Esta Jornada por el Día de la Cultura Cubana es, por eso, un canto a la vida, a la historia y al futuro. Es el momento de reconocer que la cultura no es un adorno, es el alma que sostiene a un pueblo.

Por eso, desde estas montañas, elevamos un mensaje de amor para ti, Cultura: nunca te vayas.

Y para nosotros, los que hacemos cultura cada día desde una Casa de Cultura, desde un grupo danzario,  un monumento restaurado o desde una décima improvisada, el mensaje es claro: nunca dejaremos de hacerte.

Que esta jornada sea un canto a la vida, a la historia y al futuro. Que el municipio de El Salvador, tierra de Lino Álvarez, de Las Veranes y de Melquiades, siga siendo un bastión de cubanía.

Porque aquí, entre montañas , historia y café, el orgullo tiene nombre, tiene voz y tiene pueblo.