El Día Internacional de la Danza, que se celebra cada 29 de abril, nos confronta con una pregunta fundamental: ¿qué papel desempeña el arte en las complejidades del mundo contemporáneo? En 2026, la coreógrafa canadiense Crystal Pite invita a concebir la danza como un espacio de resistencia y esperanza, donde la creatividad se convierte en un vehículo para enfrentar los desafíos actuales.
Más allá de ser un mero espectáculo, el arte danzario constituye también un sustento cotidiano para bailarines, coreógrafos y maestros, entre otros creadores vinculados a este ámbito, que también tienen la necesidad de intercambiar experiencias con sus homólogos de otras latitudes, de giras artísticas, para exhibir su quehacer ante los diversos públicos.
La creación, la investigación y la colaboración en los procesos artísticos requieren fe en la capacidad transformadora del ser humano, así como en el liderazgo colectivo y en la disponibilidad de recursos, tanto materiales como humanos. En un contexto marcado por tensiones e incertidumbres, la expresión corporal se vuelve más esencial que nunca.
Desde Guantánamo, iniciativas como el Espacio Interior “Improntus del Cuerpo” y la peña infantil “Juego y Fantasía”, desarrollada en el Teatro Guaso por la compañía Danza Fragmentada, reafirman el arte como un punto de encuentro dentro de la comunidad.
En este contexto, el elenco de Fragmentada se suma a la celebración de los 30 años del Festival Internacional La Habana Vieja: Ciudad en Movimiento, convocado por sus colegas de Danza Teatro Retazos desde la capital cubana.
Asimismo, se rinde homenaje a los Talleres de Creación Danza Fragmentada y al proyecto infantojuvenil Artesaneando con Yeni, que celebran 31 y 13 años de labor, respectivamente, iniciativas que contribuyen a la construcción de identidad y futuro a través del arte.
Bajo la dirección del experimentado bailarín y coreógrafo Ladislao Navarro Tomasén, recientemente galardonado con el Premio Nacional Lorna Burdsal que otorga la UNEAC, Danza Fragmentada ha desarrollado en Guantánamo —territorio reconocido por su rica tradición danzaria— un lenguaje propio que le ha valido reconocimiento en diversos escenarios de Cuba y en plazas internacionales.
En este territorio también destacan compañías emblemáticas como Danza Libre y el Ballet Folklórico Babul, que enriquecen el mosaico cultural de esta zona enclavada entre el mar y la montaña.
A pesar de los desafíos actuales —recortes presupuestarios, éxodo constante de bailarines y técnicos, interrupciones eléctricas y presiones económicas— estos colectivos continúan adelante con sus proyectos. Se adaptan, resisten y actúan incluso en espacios alternativos, llevando su arte a comunidades periféricas.
Las agrupaciones guantanameras celebran así el Día Internacional de la Danza, haciendo suyo el mensaje de Crystal Pite, quien expresó: “Nos conmueven estas huellas efímeras de belleza en el presente. Y al interpretar sus fugaces movimientos, recordamos nuestra permanencia. Al mismo tiempo, si prestamos atención, la danza nos permitirá vislumbrar el alma”.