Guantánamo – Contaba emocionado el ya fallecido Comandante Rebelde Demetrio Monseny “Villa” que aquel 3 de febrero de 1959 el sol parecía estar más resplandeciente que nunca, mucho calor hacía, y mucha también era la emoción de los que se encontraban en el antiguo aeropuerto de Los Caños, ubicado a varios kilómetros de la ciudad.

A media mañana el avión Sierra Maestra de la fuerza aérea revolucionaria trae consigo al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien visita por vez primera a la región de Guantánamo.

Jamás hubo tal concentración popular, el líder es recibido entre vítores, exclamaciones y aplausos, todos quieren ver, saludar y oír al Comandante barbudo que bajó de las montañas para traer un futuro de esperanzas al pueblo.

Habían transcurrido solo 34 días del triunfo revolucionario y ya eran apreciables las contradicciones entre el nuevo gobierno de verde olivo cubano con el brutal vecino del Norte que veía perder cada uno de sus intereses neocoloniales en la Isla.

A su paso desde el aeropuerto hacia la ciudad de Guantánamo saluda a miles de niños, hombres y mujeres que, desde horas tempranas de la mañana, bordean las vías por donde pasará la comitiva rebelde.

El recibimiento oficial es frente al parque Martí, en el balcón del Casino Español, hoy casa municipal de la cultura Rubén López Sabariego, allí le dedican poesías a él y a Raúl, y se entonan las notas del Himno Nacional.

Muchos se acercan al Líder del Movimiento 26 de Julio y le entregan diversas notas en las que expresan su confianza en el proceso revolucionario para atender viejas demandas como la rebaja de alquileres, aumento de salarios o pensiones, la necesidad de escuelas, hospitales y de una reforma agraria.

Luego, una multitud de guantanameros escolta la caravana rebelde hasta la tribuna levantada en el portal de la escuela de comercio, (hoy politécnico de economía Capitán Asdrúbal López),  frente al parque 24 de febrero. Fidel en un enérgico discurso y frente a un mar de pueblo expresa la convicción de “…Luchar hasta morir si algún poder extraño viene a atacarnos.”

El Jefe de la Revolución denuncia en su discurso las patrañas imperiales y los enemigos internos, sus palabras retumban en las puertas y ventanas cerradas del edificio que ocupa la Guantánamo Sugar Company, inmueble donde radica en la actualidad la Dirección provincial de Educación.

En su trascendental intervención el Comandante en Jefe afirma que la Revolución nunca recibirá órdenes de ningún gobierno y anuncia  el derrumbe de la dictadura del hambre, la miseria, la ignorancia y el analfabetismo.

El líder rebelde habla de la trascendencia del triunfo revolucionario de enero “…Esta Revolución ha significado en primer lugar no solo que el pueblo es libre, no solo que se acabó el crimen, no solo que se acabaron los atropellos, las torturas, los golpes, las humillaciones que constantemente estaba sufriendo cualquier ciudadano, sino que el pueblo ha llegado al poder, que ustedes han llegado al poder, y que los hombres que hoy estamos en el poder no nos parecemos absolutamente en nada a los hombres que han estado siempre en el poder, bien bajo una dictadura e incluso bajo gobiernos constitucionales…”

Explica la necesidad de la unidad para asegurar el proceso revolucionario, y las contradicciones con el poder burgués. Define además ideas esenciales como la dirección popular del gobierno, y expresa que: “La Revolución ha llegado al poder no para que mande un grupo de hombres, sino para que mande el pueblo”.

Aborda la problemática de la tierra, y señala: “Ustedes recordarán cuáles son nuestras ideas sobre la tierra, cuáles son nuestras ideas sobre una serie de cuestiones nacionales. Esas ideas, que eran las mismas de cuando el Moncada y fueron las mismas cuando la Sierra Maestra, son las mismas hoy”. Y en su intervención, añade: “[…] el objetivo de esta concentración campesina es solicitar del Gobierno Revolucionario de la república la inmediata aprobación de una amplia ley de reforma agraria”.

Fidel, en sus palabras traza la máxima revolucionaria de la necesidad de la unidad como principio en que sustentan la libertad conquistada y la  confianza en el pueblo.

En otro momento de su intervención el Comandante en Jefe alerta sobre las contradicciones entre la Revolución y el gobierno de los Estados Unidos que ve afectados sus intereses monopolistas en la Isla, y con firmeza expresa la voluntad popular de defender lo conquistado.

“…Si el país tiene que defenderse algún día, todo el mundo tiene que combatir aquí, y así no habrá dictadura nunca, porque a un pueblo bien instruido, un pueblo preparado, un pueblo que sabe defenderse, no hay quien le imponga una dictadura por ningún concepto.  Y eso es lo que nosotros queremos: preparar al pueblo, ¡preparar al pueblo para que nunca más nuestra patria tenga que pasar por un sistema retrógrado como el que hemos tenido!”.

“…El ejército de Cuba es el pueblo, porque todo el mundo tiene que pelear. Entonces, aquí, en los sindicatos, en los clubs juveniles, en los institutos, en todas partes, hay que enseñarle a manejar las armas al pueblo […]”. Y precisa: “A la contrarrevolución no podemos dejarla que triunfe. Tenemos que atrincherarnos y pelear aquí hasta el último hombre y hasta la última bala; por lo tanto, la Revolución hay que hacerla”.

Antes de concluir el vibrante discurso el Comandante en Jefe, explica en síntesis el programa del gobierno revolucionario: “Todo irá parejo: la lucha contra la miseria, la lucha contra el desempleo, la lucha contra el latifundismo, la lucha por el desarrollo industrial, la lucha contra las enfermedades, la lucha contra el analfabetismo, la lucha por la cultura, la lucha por la democracia, el bienestar y la salud del pueblo”. Y reitera: “Y he venido aquí no a oír demandas, ¡vengo a sumarme a la demanda justa del pueblo!”.

65 años después sus ideales han sido cumplidos con creces y hoy Cuba es faro y ejemplo para todos en el mundo, por esta y otras muchas razones, diferentes generaciones de guantanameros, en el mismo escenario histórico de aquel memorable encuentro se dio cita para conmemorar la primera visita de Fidel a Guantánamo.

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